¡Pim, pam, pum!
Mientras se cuece la pasta, se fríen unos ajos enteros (y sin pelar) y se echan los tomates cherry. Para cuando está lista la pasta, ha quedado una salsa untusosa, sabrosísima y dulzona, con los tomatitos redondos y perfectos; cuando los comes, te estalla el sabor en la boca.
Lo mejorcito, para el final: los ajos pochados dentro de su piel en el dulce tomate.
Este fenómeno del tiempo y el espacio lo hizo mi compañera el otro día con una receta que trajo de Italia Maite, la asturiana más italiana a este lado del Po.
…¡pero no todo junto en plan potito!
Vivir (y comer) a más de 30º es algo a lo que no acabo de acostumbrarme. Creo que como y cocino menos, el calor es algo terrible, debería estar prohibido.
En casa siempre hemos comido mucho gazpacho, es el plato del verano y se repite día tras día por lo rico que está. Lo que no me había pasado nunca es verme obligado a comerlo por necesidad (necesidad térmica, se entiende). Pero bueno; “de la necesidad, virtud“. Al final siempre encuentra uno alguna cosilla rica para acompañar al gazpacho, como una butifarra de huevo, dulce y fresquita así en frío (lo otro de la foto es un jamón cocido ibérico que me dejó estasiaó, y eso que yo no soy muy de jamón cocido). En la charcutería había también una butifarra de tortilla de patatas (!); había oído lo de tortilla de butifarra de huevo (qué paradójico), queda apuntada para el próximo día.
Además, hemos comprado una licuadora y guardamos abundantes provisiones de sandía y zanahoria en la nevera, para hacer zumitos refrescantes.
El zumo de sandía y zanahoría es mi favorito, brrrr, qué rico.
Tenía este pan listo desde los días de la huelga de transporte, pero por una cosa u otra no lo había puesto.
Es un buen pan con una curiosa historia, con la que se sentirán identificados muchos panaderos caseros.
Resulta que el día que fui, en Baluard andaban cortos de harina por la huelga de transporte. Una chica muy amable, creo que se llama Anna, me contó cómo hacen el pan, su proceso e ingredientes. También me dijo que les traen la harina de Francia, de un pequeño molino de su confianza, pero aquel día habían hecho un pan con harina integral, porque era la harina que tenían, así que era un pan de necesidad. Eso me sonó muy familiar (en casa muchos días acabo haciendo panes de necesidad con las harinas que hay) y me gustó tanto, que me compré la hogaza entera (2 kg a 6€).
Usan masa madre casi por completo, se nota en el sabor y la textura, aunque he de decir que esta hogaza estaba un tanto ácida. No es que a mí me moleste, al contrario, me encantan los panes “recios”, pero la acidez llegaba a tapar otros sabores. Imagino que sería por la harina integral; en casa también he observado que la harina integral trabajada con masa madre se pone ácida con mucha facilidad.
Tengo ganas de ir otro día para ver si puedo charlar otro ratito más y comprarme otro buen pan.
Mi sitio favorito en Barcelona está en Extremadura*. Sobre todo en estas tardes veraniegas, cuando cae un poco la calorina.
Qué paradojas tiene la vida en la ciudad.
* Me encantan las fichitas de colores que te dan: azul para la tortilla, amarilla para las patas fritas…
No es cualquier lechuga, es la primera lechuga.
El primer fruto de la cosecha.
Creo que hacer pan de manera tradicional, además de proporcionar una gran satisfacción, enseña mucho sobre los procesos y la paciencia; pero hay un paso más allá. Cultivar lo que cocinas, visto desde fuera, me parece la sucesión lógica: de hecho, no sucede, sino que precede al acto culinario. Poniéndonos finos, el acto culinario sería tan solo el paso final.
A ver dónde me encuentro yo ahora unas hectáreas para plantar trigo y centeno, y un buen arroyo que mueva mi molino.
Una ensalada para este calor.
Por cierto, tras más de dos años de servicio, se ha roto el tupper que protagonizaba esta sección. El nuevo no es ni de lejos tan fotogénico.
Para el pan de siempre.
En este caso me invade una sensación especial, ya que comparto panes y cestos con todo el mundo que se apuntó a la movilización cestista*. Fue una cosa muy curiosa reunirme con parte del grupo de Barcelona…ahora tenemos algo en común.
Así que estos panes son algo especial. He probado a hacer masas bastante líquidas y los nuevos cestos aguantan fenomenal. Este de la imagen está hecho con menos tiempo del habitual (por el calor que sufrimos en Barcelona) y con un poco de espelta integral.
* Creo que, poco a poco, van llegando los cestos a todos. Los que faltéis, paciencia, me consta que está todo bien arreglado.